Por Sandra García.
Una idea, cualquier idea, no es una cosa que surge espontáneamente, para que nuestras ideas tomen forma y se contextualicen debemos tener recursos que nutran y alimenten el problema.
Definimos “problema” en diseño, y particularmente en gráfica, como un conjunto de inquietudes que tiene nuestro cliente, producto ó diseño, que no han sido resueltas satisfactoriamente o que se presentan como una oportunidad de mejora, cambio e innovación. Es claro que nuestro problema no se resuelve solo, necesita ser alimentado de información que brinde al diseñador respuestas a las inquietudes que surgen en el desarrollo del proyecto.
Un ejemplo puede ser la portada de un magazine, para iniciar el proyecto requerimos conocer todas las variables que rodean a esta revista en particular>
Quién es nuestro público objetivo? Joven, adolescentes, adultos?
Qué estratos estamos abarcando?
Es de tipo góndola o por suscripción?
Cómo será el tratamiento de la imagen de portada?
Estos inconvenientes deben ser fríamente analizados frente a conceptos tales como: ritmo, jerarquización, peso visual, color (por contraste, complementarios, monocromías, escalas tonales) entre otros.
Tales conceptos son la base del diseño de cualquier pieza y permiten al diseñador tener criterio frente a la distribución de los objetos que compondrán el diseño (imagen, tipografía, color).
Si bien, el entrenamiento constante por medio de la observación y el diseño de piezas es fundamental para la creación y el crecimiento como un diseñador integral y con criterio, debo ser incisiva en que existe una marcada falta de compromiso y estudio concienzudo de tales conocimientos, poco a poco el estudio se ha ido convirtiendo en pobres sesiones de video beam y presentaciones rancias que se pasan de docente a estudiante sin que el receptor de tales archivos profundice en los datos recibidos en clase.
Volviendo al tema en cuestión, el asunto de la creación de una idea original requiere de la investigación seria del problema, procurando darle un giro al inconveniente, saliéndonos del paradigma y ante todo procurando no repetir fórmulas arcaicas y redundadas. Aunque parece una respuesta facilista al problema, es en si misma una afirmación que convoca a no quedarse con las cosas tal cual las presenta el cliente sino a una búsqueda infatigable de la propia voz interior del diseñador, esto no quiere decir que el diseñador sea artista, existe una delgada línea roja donde el concepto y el criterio utilizado por el diseñador adquiere tintes artísticos, pero siempre buscando la comunicación clara del mensaje.
Iniciar el desarrollo del concepto de diseño sin análisis, en espera de la aparición de la idea prodigiosa, aquella idea que viene de la nada puede generar gran frustración, ya que las buenas ideas no llegan del vacío absoluto. Es muy difícil la concepción de un diseño bajo los parámetros del azar.
No hay fórmulas mágicas para resolver los inconvenientes del diseño, pero si existen métodos para hallar respuestas.
Es importante en este aparte tener presente que teniendo el diseñador a su disposición recursos más allá de los tecnológicos, recuerde que la herramienta de diseño no es el ordenador, sino su mente. Lo primordial es que el diseñador utilice los técnicas que aprendió en el tiempo, por citar algunas; collage, ilustración, técnicas gráficas, carboncillo entre otros. Salirse del paradigma tecnológico se ha ido convirtiendo en un recurso muy utilizado por los diseñadores actuales, cansados de ver, cómo los diseños se repiten una y otra y otra vez, ya que todos han optado por reutilizar los recursos que se comparten en la red homogeneizando el diseño y sesgándolo a pobres réplicas que van desde Japón hasta argentina.
Para finalizar es importante tener presente un consejo final “Más no es mejor”; la autoedición es muy importante en el proceso de diseño, saber cuando parar, mirar y editar, quitando un poco aquí y un poco allá y así reconocer que el problema de diseño debe ser resuelto con objetos contundentes sin exageraciones, la utilización de recursos tecnológicos y decorativos no reemplaza un diseño bien pensado incluyendo la utilización de las técnicas necesarias para la comunicación efectiva.